¿Qué es lo que no funciona en las clínicas?

La semana pasada tuve el privilegio de acompañar a una familia en su parto. Fue un parto rápido y sin complicaciones y aún así la estancia en la clínica me dejó meditando, otra vez, sobre como las clínicas no logran crear un entorno a la altura de esta experiencia. El gran problema es que en la mayoría de las clínicas la rutina sustituye los cuidados personalizados y son esos cuidados no adaptados a las necesidades individuales los que crean frecuentemente riesgos para la madre y el bebé. La madre es sólo un paciente más que debe adaptarse a las condiciones y protocolos de la institución.

No quiero ahondar en el parto que acompañé, sólo comentar algunas cosas que creo tienen que cambiar pues denotan un desconocimiento tremendo de la fisiología del parto además de ser prácticas que no tienen en consideración a la familia que está de parto y son claramente irrespetuosas. Somos nosotros, los usuarios, los que tenemos que levantar la voz y exigir a los profesionales de la salud un cambio de actitud para que puedan estar a la altura del momento que acompañan.

Para poder ilustrar como las condiciones hospitalarias ponen en riesgo las posibilidades de una madre de parir naturalmente voy a citar al médico obstetra francés Michel Odent, uno de los defensores más notables del parto natural. Él menciona que el parto es un proceso fisiológico involuntario que está manejado por las estructuras cerebrales primitivas o arcaicas. En este sentido, no es posible ayudar a una mujer a parir pues las intervenciones inhiben el proceso de parto. Hoy en día se conocen cuales son los factores que inhiben el parto y lo importante es eliminarlos y proteger a la mujer contra estos inhibidores. Los grandes inhibidores del parto son:

1)   La liberación de adrenalina: Odent dice “hay que disminuir los factores que causan la liberación de adrenalina en la mujer pues la adrenalina es antagónica a la oxitocina. Las sensaciones que causan liberación de adrenalina son el miedo y el estrés. Para poder parir naturalmente, la mujer necesita sentirse relajada, segura, no sentirse observada y estar en un lugar cálido (temperatura apropiada)”.

Poner a una mujer de parto en una habitación muy iluminada, fría, llena de aparatos que hacen múltiples bips y rodeada de 3 pediatras, 3 ginecólogos, 3 enfermeras y una obstetra que están conversando, no es necesario y sin duda no es un entorno apropiado para no liberar adrenalina.

2)   Activación neocortical (cerebro que piensa): Odent dice “durante un proceso involuntario (como el parto) el principal inhibidor es la actividad del neocortex. El parto le compete a las estructuras primitivas del cerebro. El neocortex tiene que parar de trabajar, no le compete hacer nada”.

Preguntar a una mujer de parto los mismos datos (nombre, profesión, dirección, etc.) muchas veces es innecesario e ineficiente y además, activa su neocortex. Que tres diferentes personas (ginecólogo, obstetra y pediatra) le den instrucciones a la mujer al mismo tiempo de cómo pujar durante el expulsivo es innecesario, confuso y además, activa su neocortex. Amenazar a una mujer de parto con usar las ventosas si no sale el bebé en el siguiente pujo es agresivo y además, activa su neocortex.

3)   Para favorecer el alumbramiento (expulsión de la placenta) y disminuir el riesgo de hemorragia materna, la madre debe liberar mucha oxitocina después del nacimiento del bebé: Odent dice “la madre debe estar en un lugar caliente, no debe distraerse con nada, solo debe sentir el contacto piel con piel con su bebé. El pico de oxitocina que libera la madre cuando está con su bebé permite la expulsión de la placenta y reduce el sangrado a través de la cicatrización rápida de la herida. Al separar a la madre y el bebé después del nacimiento no sólo se perturba el alumbramiento sino que además se retrasa la lactancia.”

Llevarse al bebé recién nacido aunque la madre pida constantemente estar con él y dejarla sola en la sala de recuperación sin su bebé por dos horas no favorece ni el alumbramiento ni la lactancia. Además, afecta emocionalmente tanto a la madre como al bebé pues la separación hace mucho más difícil el establecimiento del vínculo madre-bebé.