¿Parto vaginal a todo costo?

Desde que trabajo en Lima, hace unos meses, he tenido el privilegio de acompañar a algunas familias en sus partos y todos ellos han sido partos vaginales. Uno podría pensar que me siento muy bien de que aún no me haya tocado estar al lado de una mujer cuyo parto haya tenido que terminar en una cesárea, pero la verdad es que ha habido situaciones que me hacen dudar si es sano empujar a una madre y un bebé a parir vaginalmente de manera violenta e intervencionista. No estoy escribiendo estas líneas para apoyar la práctica de cesáreas o el parto natural, sino para dejar salir sentimientos profundos que necesitan encontrar su camino fuera de mí. Y también, para cuestionar nuestra actitud ante el parto pues creo que lo importante no es si una mujer pare vaginalmente o no, sino que lo haga con amor y respeto.

Las mujeres que buscan mi apoyo quieren, en principio, un parto natural y trabajamos juntas desde el embarazo para que se fortalezcan, se conozcan y confíen en su cuerpo y en su capacidad de parir. La idea es que no piensen en lo que será del parto sino en vivirlo intensamente, entregándose. El trabajo de dilatación en casa es intenso e íntimo, y eso lo hace hermoso. Veo mujeres fuertes dejándose llevar. Parejas comprometidas, apoyando emocional y físicamente a sus mujeres y me gusta, me sienta bien. Cuando llegamos a las clínicas la situación cambia. La gran cantidad de protocolos, la atención no individualizada y la falta de respeto general hacia la mujer tornan los partos en experiencias difíciles de sobrellevar y se inicia la cadena de intervenciones que hacen que la mujer tenga en cada momento menos control sobre lo que le sucede. Hay momentos en los que me siento muy violentada e inservible pues sé que podríamos estar haciéndolo mucho mejor.

Una de las cosas que más me molestan es que las familias que he acompañado se han dado el trabajo de buscar a un profesional que en teoría es pro parto natural y ahora que miro las cosas en retrospectiva pienso que algunas veces esa etiqueta “natural” es sospechosa y cuestionable  pues estos profesionales no tienen ninguna intención de acompañar a la mujer en un proceso fisiológico natural, sino que se limitan a realizar intervenciones médicas de manera indiscriminada para lograr que el bebé salga por la vagina de la madre.

No voy a entrar en detalles pues no soy ni obstetra ni ginecóloga, pero sí que he sentido a veces mensajes claros de que el camino por el que se conduce a esta madre llena de ilusión por parir vaginalmente es engañoso y poco seguro hasta el punto de ponerla a ella y a su bebé en riesgo. Me preocupa que la necesidad de parir naturalmente que muchas mujeres tienen se desvirtúe al hacer partos vaginales muy intervenidos y que al final terminemos igual que al principio de esta lucha con partos donde el gran protagonista sigue siendo el profesional que piensa que “tiene que ayudar a la mujer a parir pues ella no lo puede hacer sola”.

Probablemente si dejamos de enfocarnos en la manera como sale el bebé y ponemos nuestra energía en el bienestar y tranquilidad de la madre y el bebé durante el parto tendremos más experiencias plenas que probablemente resulten en más partos vaginales y menos cesáreas, pero siempre en partos gozosos donde los grandes protagonistas son la madre y el bebé.

Es por esto que las mujeres tenemos que seguir apoyándonos para redefinir nuestro camino hacia la maternidad y exigir el protagonismo exclusivo de nuestros partos. Además, es nuestro deber exigir a los profesionales que nos atienden que se esfuercen más, se formen mejor y que si no tienen vocación, lo dejen. Y ojalá llegue el día en que las mujeres no necesitemos de alguien para proteger nuestro ambiente y nuestro parto, y que pueda cada una de ellas parir con intensidad, felicidad, amor y respeto.