La conexión cuerpo-mente y su poderoso efecto durante el parto

Muchos estudios científicos han demostrado que existe una fuerte conexión entre nuestro cuerpo y nuestra mente y que nuestros cuerpos responden a la manera como actuamos, nos sentimos y pensamos. Por ejemplo cuando estamos estresados, ansiosos o molestos nuestro cuerpo puede enfermar (desde problemas a la piel, cambios en nuestra presión, problemas estomacales, dolores de cabeza, insomnio, entre otras cosas). Además, se sabe que una salud mental débil debilita también nuestro sistema inmune haciéndonos más propensos a enfermar.

Sin embargo, es sorprendente como la medicina actual ignora el poderoso efecto que tiene esta conexión durante el parto. Existen muchos relatos de profesionales que acompañan el parto de manera natural donde se demuestra que el estado anímico de la mujer afecta el progreso y condición del parto. Por ejemplo, un parto se puede parar o ralentizar si la mujer no se siente a gusto, esta intranquila y/o estresada. Incluso un parto puede retroceder en casos extremos (la mujer puede cerrar su cuello del útero durante la dilatación).

La medicina occidental antigua (antes de que el parto se convirtiera en una enfermedad y que la atención al parto se trasladara casi por completo a los hospitales) ya sabía del efecto que una situación o presencia inadecuada o angustiante tenía en el parto, al punto de estancarlo. En libros de medicina obstétrica del 1800 e inicios del 1900 se sugería que el médico (que era un hombre) se mantuviera lejos de la habitación de la parturienta hasta que el nacimiento fuera inminente o se necesitara atención especializada. Se respetaban las decisiones y actuación de las parteras (acompañantes femeninas) recibiendo información del desarrollo del parto directamente de ellas. Se recomendaba entrar en la habitación con una mente tranquila y a ser empáticos con los sentimientos de la mujer.

Lamentablemente ese conocimiento se ha olvidado hoy en día al punto casi de la extinción y los médicos actuales parecen no darse cuenta de que su propia presencia, la de su personal y la manera tan impersonal y acelerada como atienden a las mujeres tiene un efecto desastroso en los partos llevándonos a altos índices de medicalización e intervención. Tanto médicos como mujeres creen que el problema se encuentra en nuestros cuerpos y en nuestra incapacidad para parir.

La realidad es que todas las mujeres somos muy sensibles y algunas incluso extremadamente sensibles. En especial en momentos tan importantes como el parto donde somos vulnerables pues nuestra energía está dirigida a la protección de nuestra cría. Lo que necesitan las mujeres es que las dejemos ser ellas mismas, sentirse seguras y tranquilas para poder parir. Necesitan apoyo y compañía antes que medicinas e intervenciones.

Comencemos a generar cambios… confiemos en la naturaleza y en nuestra maravillosa capacidad para parir, pensemos en positivo. Y esto va para los hombres también.

Les dejo un par de imágenes con citas de Ina May Gaskin, obstetra americana promotora del parto natural, quien ha inspirado este post luego de leer su libro “Guide to Childbirth” (Bantam Book, New York, 2003).

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Recuerda esto, pues es muy verdadero: tu cuerpo no es un limón. Tu no eres una máquina. El creador no es un mecánico descuidado. El cuerpo humano femenino tiene la misma capacidad para parir que los osos hormigueros, leones, rinocerontes, elefantes, alces y búfalos. Aunque no lo hayas hecho durante tu vida, te recomiendo que empieces a pensar en positivo sobre tu cuerpo.

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Si una mujer no luce como una diosa durante el parto, entonces alguien no la esta tratando bien.

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