El colecho

El colecho… dormir con nuestros hijos, ya sea en la cama de los papas, en la cama de los niños, en el sofá…

Me gusta mucho contarles mis experiencias durante los talleres que doy pues en estos espacios las mujeres me cuentan sus historias, su sentir, sus dudas… salimos todas fortalecidas pues hemos compartido nuestras experiencias y nos sentimos acompañadas en la maternidad.

En mi última charla una madre me preguntó: cuando uno tiene al bebé en brazos o en contacto directo muchas horas al día, cuando queremos que duerma en su cama por la noche, ¿no se va a sentir solo? ¿no lo estamos malacostumbrando?

Los bebés, y también los niños pequeños, tienen una necesidad básica que como padres debemos satisfacer… hacerlos sentir amados y seguros en todo momento, incluso por las noches. Esta necesidad es básica pues sin los cuidados maternos un bebé moriría y ellos lo saben, estar siempre cerca de la madre es lo que les da seguridad y tranquilidad para crecer y desarrollarse con plenitud.

Además, esta cercanía con nuestros hijos nos permite conocerlos mejor, liberar endorfinas (que disminuyen el estrés tanto maternal como del bebé), asegura una lactancia eficaz pues el bebé se engancha al pecho a demanda (cuando lo necesita) si es que tiene acceso a su madre todo el tiempo, fortalece el vínculo madre-bebé y muchas cosas más.

Sin embargo dormir con nuestro hijos es hoy en día un secreto familiar, nadie habla de ello pues está muy mal visto. No quiero decir con esto que el colecho es la única manera de criar a nuestros hijos, creo que cada familia debe encontrar la manera de satisfacer las necesidades de sus hijos con amor y deben buscar su propio equilibrio, pero tenemos que empezar a “normalizar” el colecho como una opción segura y saludable.

Podemos empezar por contar nuestras propias experiencias y darnos cuenta que al final no es tan poco común pues muchos padres duermen con sus hijos “a escondidas del mundo” pues su instinto les dice que no está bien dejarlos llorar o dejarlos solos. Esto sucedió en mi última charla y escuche historias preciosas de mujeres de todas las edades. Desde madres recientes que disfrutan el dormir con sus hijos y cuentan lo fácil que les resulta la lactancia y el postparto, jóvenes que cuentan lo mucho que disfrutaron del dormir con sus padres y que aún se acercan a la cama familia cuando se sienten tristes, que contaron lo bien que se sienten al estar al lado de mamá, olerla, que es lo que más las tranquiliza. Madres que contaron que cuando no se sienten bien se van a dormir a la cama de sus hijos. Y como estas hay muchas historias más… millones de ellas… pues desde tiempos inmemorables los niños han dormido con sus madres.

Yo duermo con mis hijas (no todos los días pues ellas no quieren dormir conmigo todos los días) y lo disfruto, siento que el vínculo que estoy generando con ellas se hace fuerte al estar cerca, de día y de noche. ¿Y tu? ¿Tienes historias que contar?

Les dejo un texto del libro “Conversaciones con Laura Gutman”

Dormir con niños en casa

-¿A qué edad un niño ya debería dormir solo?
Los niños no quieren dormir solos. NI quieren, ni deben. Los bebés que no están en contacto con el cuerpo de sus madres, experimentan un inhóspito universo vacío que los va alejando del anhelo de bienestar que traían consigo desde el período en que vivían dentro del vientre amoroso de sus madres. Los bebés recién nacidos no están preparados para un salto a la nada: a una cuna sin movimiento, sin olor, sin sonido, sin sensación de vida.

-¿Está bien si lo dejamos llorar un rato para que se acostumbre?
Dejar llorar a un niño en la oscuridad muestra la dimensión de la crueldad de los adultos hacia los niños. La separación del cuerpo de la madre causa más sufrimientos de lo que podemos imaginar y establece un sinsentido en el vínculo madre-niño.

-Si duerme con nosotros, ¿no se va a malacostumbrar?
No pasa nada si traemos a los niños a nuestra cama. Todos estaremos felices. Lamentablemente, las madres jóvenes desconfiamos de nuestra capacidad para comprender los pedidos de nuestros hijos que son inconfundiblemente claros. Circula socialmente la idea de que satisfacer las necesidades de un bebé los convierte en “malcriados” aunque, paradójicamente, obtenemos una y otra vez el resultado opuesto al esperado, ya que en la medida en que no dormimos cuerpo a cuerpo con los niños ni los tocamos… ellos van a reclamar más.

-¿Y si a pesar de traerlos a la cama igual siempre demandan más y más?
Pensemos que el “tiempo” para los niños pequeños aparece como un hecho doloroso y desgarrador si la madre no acude, a diferencia de las vivencias dentro del útero donde toda necesidad era satisfecha instantáneamente. Ahora, la espera duele. Los niños tienen razón en reclamar contacto físico, ya que son totalmente dependientes de los cuidados maternos. Tienen conciencia de su estado de fragilidad y hacen lo que todo niño sano debe hacer: exigir cuidados suficientes para su supervivencia. La noche es larga y oscura, y ningún niño debería atravesarla estando solo.

_¿Hasta cuándo?
Hasta que el niño no lo necesite más.