el entorno en el que criamos…

En casa tengo ahora dos niñas, atrás quedó mi última bebé que cumple 3 años este mes… y debo admitir que no me está resultando fácil. Estoy constantemente dando instrucciones, diciendo que no se puede hacer esto o aquello, levantando la voz e intentando trabajar en casa todo el tiempo sin poder sacar nada adelante en realidad mientras las chicas están cerca. Es un mundo de locos en donde nadie parece estar contento y donde el tiempo de calidad escasea para todos, incluyéndome.

La verdad es que puedo estar exagerando un poco pero es normal que una madre que trabaja en casa se sienta abrumada de vez en cuando y de cuando en vez… pero este fin de semana largo vi la luz. He tenido la suerte de pasar unos días con mi familia en la playa, alejada de la gran ciudad y de sus bemoles, incluidos la internet, la televisión y el cuarto de juegos, y he re-descubierto muchas cosas que me gustaría compartir con ustedes.

La crianza de los hijos no es tarea fácil. Es hermoso ver a nuestros hijos crecer, acompañarlos y que nos acompañen a vivir, pero es difícil respetar sus ritmos y necesidades especialmente cuando vivimos en la ciudad. Como padres, cuando queremos criar con apego y queremos dar libertad a nuestros hijos para ser ellos mismos, para que desarrollen sus capacidades y emociones en libertad y confianza, nos topamos con infinitas dificultades. La primera de ellas es vernos atrapados en un espacio y sistema que no permite al niño ser el mismo y expresarse como tal, es decir como niño. Le pedimos constantemente al niño que se comporte como adulto y lo que resulta es terrorífico.

Niños cansados, aburridos, enfadados, pedilones, agresivos, insatisfechos… son el pan de cada día para muchas familias y hacen compleja la convivencia. Lo que yo he re-descubierto este fin de semana (pues lo había dejado olvidado en algún baúl de mi mente y luego lo había tapado con miles de obligaciones, cuentas, preocupaciones…) es que el entorno en el que vivimos y criamos a nuestros hijos tiene un efecto vital en la manera como experimentamos y sentimos la vida. La gran ciudad tiene su beneficios… pero en la crianza tiene muchos perjuicios.

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Debemos ser conscientes que en la ciudad las necesidades de los niños rara vez están siendo satisfechas y que los niños tienen un alto grado de frustración que debemos tener en cuenta y respetar. Este fin de semana la hemos pasado genial, sin discusiones, sin sentirnos molestos, sin peticiones absurdas y constantes (de todos, incluyéndome), disfrutando del tiempo juntos y teniendo tiempo para cada uno. Si, hasta he tenido tiempo de calidad para mi. Es realmente impresionante como muchas dificultades se esfuman en un entorno de crianza adecuado, cuando las cortinas se bajan, de la mano de las expectativas irreales. Nada es blanco o negro y debemos reconocer que cuando nos sentimos agobiados como padres, nuestros hijos se sienten igual o peor, pues ellos nos ven con amor incondicional y harían cualquier cosa por hacernos felices, hasta ser infelices ellos mismos.

Pero no debemos desesperar, siempre hay solución y está en nuestras manos encontrarla. Tenemos que empezar por internalizar los conflictos de la crianza en la ciudad e intentar dar a nuestras familias y a nosotros mismos una experiencia de crianza lo más armoniosa posible. Como hacerlo, aquí unas cuantas reflexiones que tal vez puedan ayudar…

Los niños necesitan liberar energía constantemente… necesitan gritar, saltar, correr, bailar, etc. siempre en libertad. No vale cansarlos en el colegio, en clase de natación, de baile, de educación física… eso los mantiene cansados, no felices. Debemos encontrar espacios donde nuestros hijos puedan ser ellos mismos y dejarse llevar, físicamente, a su ritmo y a su aire, debemos permitirles expresarse.

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Tenemos que encontrar momentos (los más posibles) donde les dedicamos a nuestros hijos nuestra atención “completa”, espacios donde ellos puedan compartir sus intereses con nosotros, donde escuchemos lo que dicen, lo que sienten. No vale pasar mucho tiempo con nuestros hijos pero no prestarles atención real. Todo ese tiempo está perdido pues ni ellos disfrutan ni lo hacemos nosotros. Si trabajas en casa debes definir horarios donde te dediques a tus hijos y luego al trabajo. Si trabajas como ama de casa es igual, pasamos muchas horas con nuestros hijos y la mayor parte del tiempo queremos que desaparezcan para que podamos hacer las tareas de la casa o para descansar. Ellos están constantemente pidiendo atención y nosotros estamos constantemente alejándonos de ellos y atendiendo a sus demandas a medias. El tiempo de calidad es indispensable en la relación con nuestros hijos.

Y ahora… lo que todos sabemos pero ignoramos a la vez:

Los niños en la ciudad tienen demasiado acceso a la televisión, los video juegos y las computadoras y eso los mantiene insatisfechos y desinteresados.

Los niños que tienen demasiados juguetes se aburren muy fácilmente de todo.

El contacto con la naturaleza motiva y emociona a los niños, es realmente mágico ver a un niño imaginar y jugar al aire libre.

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Y podemos escribir muchas mas cosas sobre como es el entorno adecuado para criar, pero la realidad es que solo hay que mirar a nuestros hijos y mirarnos a nosotros mismos…  si lo que ven no les gusta, anímense a cambiar sus rutinas, a traer un pedacito del campo a casa, a conectar con las necesidades reales de sus hijos y las suyas.