El parto “natural” y la cadena de intervenciones innecesarias

Para comprender la importancia de la fisiología voy a comenzar haciendo referencia a un proceso que conocemos bien y que realizamos comúnmente (he hablado detalladamente de esto en el post de la ley de los esfínteres). Les propongo imaginar un wáter en medio de una habitación, rodeado de personas que no sólo están observándote atentamente sino que también están comentando tu capacidad para ir al baño y preparando una serie de intervenciones en el caso de que no logres terminar rápidamente. Parece una propuesta descabellada y lo es, al igual que es descabellado pedirle a una mujer que de a luz a su bebé en estas condiciones pues los mecanismos que se ponen en marcha cuando queremos ir al baño son similares a los mecanismos necesarios en el parto. No sólo nos afecta lo que sentimos, sino como lo sentimos.

parto natural

Hoy quiero hablar del parto natural… una palabra y etiqueta muy de moda hoy en día que se puede utilizar en un sinfín de contextos. Por ejemplo, probablemente la imagen que se les venga a la cabeza a muchas personas, incluidos muchos médicos, es la siguiente: un parto que no termina en una cesárea que se inicia con una mujer conectada a una vía, echada en una camilla con las piernas elevadas, con un sensor en la barriga que monitorea los latidos del bebé y la intensidad de las contracciones, gritando de dolor, sufriendo. Quiero que sepan que en ningún caso es esto un parto natural, ni siquiera un parto normal…  esto es un parto vaginal muy intervenido que puede llegar a ser peligroso e inclusive violento para la madre y el bebé.

Hemos medicalizado el parto de tal manera que nos parece normal que pueda llegar a ser patológico, complejo, difícil. Por ejemplo, no es posible que aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) diga en sus recomendaciones para un parto normal que no hay evidencia de que el uso de oxitocina sintética ofrece beneficios para la madre o el bebé, se utilice de manera rutinaria ya sea para inducir el parto o acelerarlo.

Y continúo… no es posible que luego de que se le haya colocado la oxitocina sintética a la mujer no se le explique que sus contracciones serán mucho mas intensas y dolorosas que una contracción natural  y que el periodo de descanso entre contracciones será casi nulo. Que sus contracciones serán muy ineficientes por ser espasmódicas y rígidas. Que el bebé se puede ver afectado por ese ritmo tan intenso del parto y que las probabilidades de que sufra se elevan. Que al elevarse la posibilidad de sufrimiento fetal la madre se verá obligada a estar echada y conectada de manera continua a un monitor y que su capacidad de movimiento se verá limitada. Que al ser las contracciones mas intensas y dolorosas la madre se verá obligada a pedir que le pongan la epidural y que esto afectará su capacidad para sentir su propio cuerpo y que podría adormecer a su bebé y así elevar aún más la posibilidad de sufrimiento fetal.  Que al no poder sentir su cuerpo su trabajo de parto será muy ineficiente y que muy probablemente se necesitará de un vacuum o fórceps para sacar al bebé y que por lo tanto se le hará un corte en la vagina a la mujer que se llama episiotomía. Que luego de esta cadena de intervenciones innecesarias, ineficientes y violentas las probabilidades de que el parto termine en una cesárea de “emergencia” son muy altas.

¿Que viene primero el huevo o la gallina? Esa es la gran pregunta. Para fortalecer la imagen les doy un par de datos más: la OMS recomienda que se deberían hacer episiotomías a un máximo de 10% de mujeres. Hoy en día en las clínicas, las episiotomías se hacen de rutina. Y recomienda un máximo de 15% de tasas de cesáreas. En Europa hay una tasa de cesáreas que consideran vergonzosa del 40%. En Lima, en las clínicas privadas, la tasa de cesáreas es de mas del 80%.

Me gusta relacionar lo complejo con lo cotidiano por lo que quisiera que piensen en este parto que les he descrito como ir a dar un paseo en bicicleta con las llantas bajas, sin frenos y la cadena oxidada, sería un paseo muy ineficiente y peligroso pues estamos intentando hacer un trabajo en condiciones adversas. Más fácil sería inflar las llantas, arreglar los frenos y aceitar la cadena, todos sabemos que no tiene ninguna lógica montar en bici de la otra manera.

Entonces lo que necesitamos saber es como funciona realmente nuestro cuerpo a nivel fisiológico y cuales son esas condiciones ideales para que se de una evolución eficaz del trabajo de parto y porque no, que sea una experiencia plena y satisfactoria.

En el trabajo de parto hay dos órganos que juegan un papel primordial, el útero y el cerebro (esto llevado a la mínima expresión pues hay  más órganos trabajando). Ambos trabajan de manera autónoma y modificaran su conducta dependiendo de los estímulos que reciban. Hay estímulos que promueven el trabajo eficiente de parto y hay estímulos que inhiben el trabajo de parto.

Vamos a comenzar por los estímulos promotores. El cerebro debe liberar oxitocina natural para que el útero se contraiga con una intensidad y fuerza eficientes. Para que el cerebro libere esta hormona en cantidad suficiente debe activar su zona primitiva e instintiva y desactivar su neocortex, el cerebro pensante. Es decir, la madre debe desconectar del mundo que la rodea, debe dejar de pensar en lo cotidiano, debe dejar de comunicarse con el exterior y debe sentirse relajada, segura y tranquila. En conclusión debe dejarse llevar y dejar a su cuerpo trabajar.

Es más si queremos hacer más obvias las condiciones propicias para la liberación de oxitocina podemos pensar que es lo que necesitamos durante el sexo pues tanto mujeres como hombres liberamos grandes cantidades de oxitocina durante el orgasmo. Necesitamos de calor, intimidad, de oscuridad, de entrega, de desconexión del mundo. Lo mismo para el parto. Y no es que nos queremos poner místicos y románticos cuando hablamos del parto…  NO, una mujer necesita fisiológicamente de esas condiciones para parir.

Por otro lado están las condiciones inhibidoras del trabajo de parto como la liberación de adrenalina. Una mujer libera adrenalina cuando siente frio, miedo, nervios, estrés, se siente intimidada, observada o en peligro. En estas situaciones el cerebro automáticamente deja de producir oxitocina pues reconoce instintivamente que la mujer no está en el lugar apropiado para parir. Al ser el parto un proceso primitivo podemos remontarnos a aquella época en donde una mujer debía parar o ralentizar su parto si es que se sentía amenazada por algún depredador o situación y debía escapar a otro lugar seguro donde volvería a iniciarse el parto.

El otro factor esencial para un parto fisiológico eficiente es la capacidad de movimiento de la madre. Poder moverse y cambiar de posición alivia el dolor y ayuda a que el trabajo de parto progrese.

Por ejemplo, cuando nos movemos durante el parto se liberan endorfinas, opiáceos naturales con efecto analgésico que generan una sensación de bienestar. El movimiento genera contracciones más eficientes y permite al bebé usar la fuerza de gravedad para moverse hacia abajo. También ayuda en el proceso de dilatación por la presión de la cabeza del bebe sobre el cuello del útero.

Además, cuando la mujer está echada boca arriba y con las piernas elevadas (la posición típica para parir hoy en día) la pelvis tiene el menor diámetro de apertura, haciendo el agujero por donde tiene que pasar el bebé más pequeño que si estuviera de pie, sentada, semi sentada, de rodillas o a cuatro patas.

Creo firmemente en que las mujeres deberían poder parir donde ellas quieran, de la manera que ellas prefieran y acompañadas de las personas que ellas deseen. Las mujeres debemos saber que es posible parir de manera plena, segura y saludable, siempre y cuando nos procuremos un ambiente adecuado que permita a nuestro cuerpo trabajar eficientemente evitando al máximo las intervenciones innecesarias. Pero, si queremos tener un parto respetado, somos nosotras las que tenemos que informarnos para poder dar a conocer nuestras preferencias y necesidades e insistir para obtenerlas. Es nuestro deber y derecho.