El problema de las expectativas

Llego a la casa de Josefa para una asesoría de lactancia, el bebé está en brazos de la abuela, tranquilo. Josefa está cansada y se le ve desmotivada, frustrada… su bebé no se comporta como ella esperaba. Ella esperaba un bebé de libro y el suyo no lo es.

Este es el gran problema de las expectativas irreales, de los grandes mitos del postparto, de las leyendas de abuelas y suegras. Las mujeres se encuentran en un estado de sensibilidad especial e intenso, inmersas en un remolino lleno de consejos y palabras que no se ajustan a sus propias necesidades o las de su bebé. Este remolino puede convertirse en un agujero negro sin darnos cuenta.

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Los bebés son seres sumamente dependientes, nacen muy inmaduros a nivel fisiológico y necesitan de su madre para poder sobrevivir. Además son seres únicos, con personalidad y carácter único, no existe un bebé igual a otro, no existe un bebé de libro.

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La falta de empatía que tenemos hacia los recién nacidos, nuestra incapacidad para conectar con sus sensaciones, para preguntarnos como se están sintiendo cuando lloran, cuando están inquietos, cuando piden brazos… es uno de los grandes problemas del postparto y de nuestra sociedad. El problema no lo tienen los bebés, lo tienen los padres que esperan que se comporten como adultos y que se adapten automáticamente a nuestras dinámicas. Queridos amigos, les digo que eso no es posible, el bebé necesita de cuidados especiales y amorosos “todo el tiempo”. Hemos esperado a este ser con tanta ilusión, como no mirarlo con ojos de entrega y comprensión.

Y cuales son esos cuidados, pues no se los puedo decir con certeza, cada bebé es diferente, debemos aceptarlos y quererlos como son. Vienen al mundo a darnos mucho pero necesitan que les tendamos la mano para que logren encajar en nuestro loco mundo. Algunos bebés son mas sensibles, mas llorones, tienen mas problemas para digerir, mas gases, mas dormilones, mas activos, mas comelones, mas intensos, etc. Hay millones de combinaciones y con estas combinaciones, millones de tipos de bebé y de necesidades de cuidado.

Cuando una madre se entrega por completo al postparto, desconecta del mundo exterior y conecta con su mundo interior y con su bebé. Con esta actitud la madre ajusta sus expectativas a su propia y única realidad, y solo así comienza a disfrutar de esta nueva aventura, la de ser madre.

Esto no quiere decir que la madre estará ojerosa, con los pelos parados, sucia, sin comer, sin dormir, sacrificándose, sacrificando su bienestar en pro de su bebé, de ninguna manera, este es un cliché. Quiere decir que la madre tendrá tres objetivos:

1. Descansar mucho (cuando su bebé duerme, a cualquier hora del día),
2. Alimentarse bien, manteniéndose saludable,
3. Pasar mucho tiempo con su bebé, conociéndolo, sentando las bases para una relación amorosa y saludable.

El mundo exterior debe quedar fuera de la ecuación. Una madre en este estado está radiante, su sonrisa ilumina el mundo, su bienestar es contagioso. La “cuarentena” enfocada desde esta perspectiva tiene otro color, ya no es un agujero negro.

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Se que las mujeres somos muy protectoras de nuestros propios logros y de nuestro espacio personal y que muchas veces nuestros bebés vienen al mundo y nos mueven los cimientos, pero debemos tener la certeza y la seguridad que aquella mujer que ahora se ha convertido en madre no ha desaparecido, esta reposando dentro nuestro. Esa mujer está empoderándose, enriqueciéndose de nuestra entrega y que, cuando sea el momento adecuado, saldrá fortalecida y podrá comerse el mundo entero si así lo desea. Nuestros hijos nos traen el regalo del crecimiento personal, pero solo si es que nos abrimos a la posibilidad del cambio y la evolución. No debemos desaprovechar este regalo enfocándonos en volver a ser quienes éramos antes de convertirnos en madres.